miércoles, 3 de octubre de 2018

Ultra de Gredos. Crónica de una "muerte" previsible.

Cuarta edición del Ultra de Gredos, ya había participado en la primera, y tras algunos avatares organizativos y sin celebrase el año pasado, con nueva sede, en este caso en Arenas de San Pedro y alguna otra pequeña variación del recorrido, se hace ahora en sentido inverso al que hicimos el primer año.


La "carrera" es muy dura y lo sabía, más montañera que corredera (80 km y casi 4.800 m de desnivel positivo), y los tiempos de corte y el límite para entrar en meta (19 horas) muy, pero que muy ajustados. Y también lo sabía.


Además la preparación no había sido especialmente buena para esta prueba (aunque veo que sí había salido más al monte que por ejemplo el año pasado en que por estas mismas fechas hice el ultra de La Covatilla en la Sierra de Béjar) y también llegaba con dos o tres kilos más de lo que debía.

Con esos mimbres, ya tenía asumido que estaría muy ajustado en meta, que fácilmente podía llegar  fuera de control o en todo caso de los últimos, si no el último.

Salida a las 4 de la mañana. Noche casi con luna llena y muy buena temperatura, demasiado buena. Salimos corriendo por pistas y caminos anchos y relativamente cómodos donde aprovecho para correr todo lo que se pueda y en cada momento que se pueda, consciente de que es ahora donde puedo arañar algunos minutos, que luego en la parte más técnica y complicada de la sierra (que es la mayor parte del recorrido) ya no habrá posibilidad de correr. No sé si la "táctica" será la correcta, quizás habría sido mejor "guardar" algo, pero pienso que tengo que intentar avanzar lo más posible mientras el terreno más o menos lo permita.

Así que ya prácticamente desde la misma salida con una buena sudada, además no se mueve el aire para refrescar un poco, sólo en las partes más altas del recorrido hará algo de viento, más que viento una ligera brisa.

Subida casi continua, sólo hay una bajada de un par de kilómetros para llegar a El Hornillo, que es el único pueblo que atravesamos y está en el km 7, luego todo será alta montaña hasta la bajada del final (cuando también se pasa por Guisando). Salvo esa bajada y algún pequeño llano, subida cada vez más fuerte ya por senderos hasta el Puerto del Peón, por donde se me hace de día y luego hasta las proximidades de La Mira, total unos 23 km de subida en casi 4 horas y media, y yo entrenando en el pueblo por la cuesta de las Emes, que tardas en subirla dos minutos, jajaja.

Poco después del Puerto del Peón, con el espaldar de los Galayos de fondo.
A partir de ahí el recorrido será cumbreando toda la sierra hasta la cima del Morezón con paso por el Puerto de Candeleda.

Llegando al avituallamiento del Puerto de Candeleda.
El calor ya aprieta y eso que aún es relativamente temprano, el terreno aunque en ocasiones favorable, como ya sabía, tampoco permite correr lo que se dice correr, se puede trotar en algunos tramos pero siempre con el freno puesto, esquivando piedras y pasos entre rocas o piornos. Casi 10 km de cordal y dura subida al Morezón, 2.389 metros, que no conocía, y mira que he pasado veces a sus pies de camino a la Laguna Grande.

Tras una primer tramos de bajada también complicado se coge el sendero que luego enlaza con el de la Laguna Grande y ahí ya es donde se puede correr y en mi caso disfrutar casi casi de los kilómetros más rápidos de toda la prueba, además aunque no deja de ser un ritmo "medio trotón", vas adelantando a la multitud de senderistas, montañeros, caminantes o simplemente turistas que bajan a la laguna, lo que te da la sensación de ser una figura de nivel mundial, jajaja.

Llego al avituallamiento del Refugio Elola, con casi una hora de margen sobre el cierre de control, procuro comer y beber bien, realmente pese al calor hasta entonces no había bebido ni comido mucho, pero tampoco se puede uno parar mucho rato porque el límite de tiempo está ahí y ahora comienza lo más duro de la prueba. Salgo del refugio hacia arriba, por la Canal de los Geógrafos (creo que se llama así) camino del rellano del Ameal y enseguida veo que en esa subida de montaña pura y dura, sin camino, con rocas, grandes canchales, pasos complicados donde usar las manos, etc. me quedo atrancado y mucho.

En la subida de la Canal de los Geógrafos

Me adelantan otros participantes a los que, aunque también van muy lentos, no soy capaz de seguirles el ritmo. Tengo que parar a coger resuello cada pocos pasos y mi colchón de tiempo se deshincha rápidamente, tanto como que tardo en hacer un kilómetro 42 minutos. Son las horas de mediodía y ahora sí el calor ya pega de verdad, se agradecen los pocos minutos que vamos por la sombra junto a las paredes rocosas de la canal. La sensación es de pájara total, sin fuerza ninguna, sin embargo una vez que empieza la bajada del Gargantón, que también es un terreno complicado, me siento bastante bien, no se puede correr mucho (mejor dicho no se puede correr casi nada), pero bajo cómodo y vuelvo a adelantar a algunos que me habían pasado en la subida, lo que me desconcierta, porque si te da un pajarón de los de verdad no vas ni para arriba ni para abajo. 

Fin de la bajada del Gargantón y empieza la subida a Cabeza Nevada
Así que con "fuerzas" y ánimos renovados afronto la otra subida fuerte que tenemos sin solución de continuidad, hasta el Cervunal o Cabeza Nevada, 2.427 metros, el punto más alto de la carrera. La subida comienza por el camino que va a Cinco Lagunas, vuelvo a flojear otra vez, pero de momento es asumible. El problema de verdad empieza cuando se deja el camino y subimos monte arriba por pedreras y canchales. Otra vez me quedo clavado, sin fuerzas, parando cada dos pasos, con el estómago algo revuelto e incluso algo de dolor de cabeza. Imposible avanzar, ni bebiendo ni sin beber. Paro (y me siento en una roca) a comer unas almendras y me cuesta un mundo tragarlas. Un kilómetro en 49 minutos,y hasta la cima, unos 900 metros más en otros 50 minutos. Así que con esos ritmos me adelantan todos los corredores que venían por detrás y me quedo el último, ya tengo claro que al siguiente corte de tiempo que es en la plataforma unos 10 ú 11 kilómetros más adelante no voy a llegar así que decido abandonar en el siguiente avituallamiento en el Puente de Roncesvalles, tras unos 5 km de bajada y luego ya fuera de carrera, avituallado y descansado subir tranquilamente hasta la plataforma que es donde nos recogerá el autobús. Pero llegando casi arriba del Cabeza Nevada me alcanza el escoba que aunque viene haciendo toda la prueba viene fuerte y decido no retrasarlo más, así que me retiro allí mismo después de 12 horas y casi 46 km (según mi GPS, según el recorrido oficial debían ser unos 42-43) y me volveré a la plataforma bajando tranquilamente con los voluntarios que estaban allí arriba Jesús y Conchi, que me trataron de maravilla. Bajaré y eso es lo que más me duele, jajaja, por donde acabo de subir, me cagüen su sombra, si lo sé no subo.

Aviso a los voluntarios de que me van a tener que ir esperando, que voy sin fuerzas, en cualquier caso van a bajar con calma, porque van a ir desbalizando todo ese tramo hasta el Gargantón y como no tengo nada mejor que hacer les voy echando una mano con la tarea. Y otra vez en la bajada me encuentro bastante mejor de lo que pensaba. 


El caso es que la bajada hasta el Gargantón, desbalizando y todo, y por terreno difícil hemos ido a un ritmillo más o menos bueno, otra cosa ha sido en la subida para pasar a la Laguna Grande, ahí sí me tuvieron que esperar, jeje y luego la subida y la bajada hasta la plataforma aunque ya tocado de piernas, también hemos caminado rápido. La cosa es que me retiré en el peor sitio, el más alejado de los puntos de evacuación, en gana broma casi otros 11 kilómetros en 3 horas y tres cuartos.

En la plataforma esperando al bus estaban buena parte de los participantes con los que había ido coincidiendo en carrera casi desde primera hora, y por supuesto todos los que me habían adelantado en esas dos últimas subidas, algunos retirados en el Puente de Roncesvalles y otros en la misma plataforma, bien voluntariamente o bien, la mayoría, por no pasar el corte de tiempo. De una u otra forma, por la dureza del recorrido, lo ajustado de los tiempos de corte y sobre todo por el calor, la "escabechina" fue buena, llegaron a meta 70 y poco corredores, de unos 150 que salieron, más o menos la mitad.

Así que, por mi parte, puedo considerarlo como un "fracaso" relativo, jajaja, se ve que me estoy haciendo mayor para estas cosas tan largas, porque últimamente estoy rondando con demasiada frecuencia el fuera de control o los últimos puestos. También es verdad que en pruebas muy duras, con subidas demasiado fuertes, que no me van nada bien, y mira que me gustan para hacer montaña, pero no para "correr", y si a eso se une una deficiente preparación y una nula planificación... el resultado está ahí.

Lo que sí conseguí fueron todos los "males" propios de la ocasión: dolor de pies, de piernas en general, rozaduras de la riñonera, las escoceduras propias de tanto sudor en zonas confesables y menos confesables, jeje, cierto malestar general, en fin, lo normal, pero con el avituallamiento de meta, y descansar bastante bien, lo cierto es que al día siguiente estaba mucho mejor que otras veces y en un par de días sin más secuelas que un cierto cansancio, pero que me han dejado salir a correr sin grandes problemas la semana siguiente. Y es que este mes me tocan un par de maratones de asfalto. A ver si no pego también la "espantá".

La banda musical de la carrera han sido Los Tigres del Norte y sus corridos. Llevaba unos días escuchándolos y durante toda la carrera no he podido quitármelos de la cabeza. Aunque los más famosos son seguramente los que hablan de tráfico de drogas, voy a poner uno que siempre me ha resultado tremendo, escuchad la letra, la música en definitiva es casi siempre poco más o menos.

"El Espinazo del Diablo".


4 comentarios:

ramonet dijo...

En esas carreras con cortes tan exigentes vas tan pendiente del reloj que no disfrutas, al menos eso me pasó a mi en Zumaia. Por boniti que sea el paisaje, correr todo el rato "agobiao" no sé si merece la pena

yonhey dijo...

En fin, hiciste lo que pudiste y como pudiste. Quizás ya sea tiempo para de vez en cuando coger una distancia menor en vez de la mayor.
Un placer saludarte, aunque fuese rápido.

Anónimo dijo...

Qué tontos!! la hizo un amigo de Cáceres (compañero de las millas) y dice que de lo más duro que ha hecho. Ya te desquitarás (y lo sabes). Suerte en las maratonas de asfalto (a mi me espera el Trail Doñana y la maratón de Valencia)


Y que altos...

CiegoSabino dijo...

Ramón, en mi caso no suelo ir muy pendiente del corte, sólo cuando llegas a un control y ves que vas apurado, pero bueno si se llega si llega y si no pues nada. Si no he corrido más es porque no he podido, jeje.

Juanlu, pues quizás tengas razón, pero me cuesta no hacer o intentar al menos un ultra al año.

A ver el "alto", quizás conociera a ese cacereño porque iba con un chaval de por aquí (creo que de Robleda) aunque vive en Madrid con el que he coincidido ya en unas cuantas. Suerte con Doñana (eso lo tienes chupao, que te va bien) y Valencia (mira es uno de los que me falta, algún año tengo que ir).