lunes, 21 de julio de 2014

Rozar el cielo con mis manos. Iron de Vitoria 2014.

"¡Y quién pudiera subirse
a los varandales de la luna!,
coger el cielo con mis manos,
y contar las estrellas una a una".

"África", del disco Songhai. (Ketama, Toumani Diabaté, Danny Thompson).

Esto, que no es más que la crónica de una carrera empieza de más de serio y poético, requiere una pequeña explicación previa. Creo que ya lo he dicho más veces, tengo una "fijación" en el iron man, una cifra grabada: 12 horas. Ya, para muchos no será una gran marca, pero para mí es un número "de referencia". No es ni siquiera una obsesión, no es algo que realmente me preocupe conseguir, no son las 3 horas del maratoniano de cierto nivelillo, es algo distinto, es más bien una quimera, algo inalcanzable para mí, un imposible, como coger el cielo con las manos, pero que sin embargo está ahí como un faro que me marca el camino.

Y el pasado fin de semana en Vitoria, sin embargo, se alinearon los astros para que la quimera dejara de serlo, no salía ni mucho menos con la idea de que ese sueño imposible se pudiera hacer realidad, sin embargo las circunstancias de la carrera, sobre todo una excepcional bici (para mí) me permitieron rozar el cielo con la punta de los dedos, me dejaron soñar durante muchos kilómetros y unas cuantas horas con alcanzarlo, con tenerlo entre las manos.


En fin vamos con la crónica pura y dura.

Antes, una pequeña introducción del día previo, para nuevos lectores no muy versados en el triatlón, porque la víspera también es ajetreada. Los que ya sabéis de qué va esto os lo podéis saltar.

Viajo desde Burgos el sábado a primera hora de la tarde (gracias anfitriones), tengo que recoger el dorsal antes de las 5. Llego a Vitoria y en primer lugar voy a por el dorsal en la Plaza de la Virgen Blanca. Afortunadamente encuentro un sitio para aparcar bastante cerca. Son las 16:45. De ahí al hotel, también  céntrico y en esta ocasión sin tanta suerte para aparcar. Dejo parte del equipaje en el hotel y vuelta al coche a por la bici y con un par de bolsas para dejar en las transiciones. 


Cargo la bici en la furgoneta que las llevará hasta el pantano de Landa a unos 15 km de Vitoria donde será la natación y mientras sale el autobús dejo en la segunda transición lo que necesitaré para correr al día siguiente, en mi caso sólo las zapatillas y una gorra. Tras dejar la bici en boxes y el casco en la zona de transición, a desinfectar el neopreno para evitar la propagación en el pantano del "mejillón cebra" especie invasora y al parecer bastante dañina con el medio ambiente.

Vuelta al autobús y al hotel. Toca acabar con los preparativos para tenerlo todo dispuesto al día siguiente sin tener que madrugar más de lo necesario: dorsal, comida, ropa, zapatillas y gafas para la bici. El regalo de la bolsa del corredor es unas gafas de Spiuk, que me vienen de maravilla, porque me estaban haciendo falta y tenía que comprar unas.



En fin, que cuando acabo con los preparativos son más de las 9. ¿Y ahora, me quedo a cenar mi mierda tuper de pasta y ya no salgo del hotel o voy a dar una vuelta y ya cenaré luego?. Evidentemente no me voy a quedar encerrado. Salgo a dar una vuelta, recorro toda la parte vieja de Vitoria, me tomo una caña (grande) con un pincho (tampoco nada del otro mundo) a 4.-€ la jugada (jodo, aquí o eres rico o como para salir de pinchos, y viendo cómo estaba de gente por todas partes deben ser todos ricos).

Total que al final ceno pasadas las 11. Casi se me junta la cena con el desayuno.

Al lío. Despertador a las  5:30. Desayuno bien, sin hambre, pero el día va a ser largo. Paseíto hasta el coche a dejar el equipaje y al autobús que nos lleva de nuevo al pantano.

Ritual consabido: control para entrar en boxes y "marcaje", preparar la bolsa con lo necesario para la bici, comprobar 25 veces por lo menos la presión de las ruedas, el casco.... Y a embutirse en el neopreno. Mi pobre neopreno, está en su últimos días, aunque todavía le quedará dar guerra antes de la jubilación, pero está a punto de desintegrarse, de puro viejo, no recuerdo si es del 2006 ó 2007, tiene, entre otras muchas heridas rasgaduras en la zona de la espalda, donde tira el refuerzo de la cremallera, pero no es el clásico "uñazo", que también tiene unos cuantos, sino que yo creo que la goma ya está "pasada". 

El sobaco.
Zona de la riñonada, donde  más "tira" el refuerzo de la cremallera.
Parte trasera de la entrepierna, o sea, el culo.
Y a nadar. Se sale por tandas, pero un tanto desiguales: élite, femeninas, los del medio iron y al final los del iron, pero todos juntos, con lo que hay muchísimo atasco al principio. Brazos, piernas y espuma por todas partes, sin que puedas escapar. Poco después se me empañan las gafas, acierto a ver gorros rojos a mi alrededor y a seguir a los nadadores más próximos. Al cabo de un rato me extraño de no ver a nadie cerca, paro para desempañar las gafas y me veo desviado del camino de las boyas. Retomo la dirección correcta y a pasar la natación como mejor se pueda; cuando a mitad de la primera vuelta me adelantan algunos de los élite, que han salido 20 minutos antes. Sin más contratiempos que alguien que va demasiado cerca cuando ya se puede nadar perfectamente separado y cada uno a su aire, pero siempre te acabas "topando" con alguno que se te cruza (o tú a él, vaya usted a saber).


Primera vuelta 41:49 y segunda 44:23 para un total de 1 h 26´. Ni bien ni mal, dentro de lo "esperable". No han publicado una clasificación general con todos los participantes, sólo la han sacado por grupos de edad, y ni siquiera con el puesto en cada sector, pero viéndolo en este otro sitio, puesto 740, creo que de unos 814.

No encuentro la cinta para bajar la cremallera. Normal, la llevo sobre el hombro.
Ahora sí.
Zona de transición con un poco de atasco, y en 5:48 estoy saliendo de boxes en el puesto 715. He adelantado a unos cuantos en la transición, jeje.

Vamos a ver cómo se dan los 180 km de la bici. Cojo muy buen ritmo desde el principio y empiezo  a adelantar gente, mucha. Por el km 38, puesto 679. Por cierto, la crisis parece no existir en el mundo del triatlón, menudos pepinacos se gasta la mayoría de la gente, mucha buena flecha, no tanto los indios, jajaja. El día es perfecto, la mañana ha salido fresca y sin viento. Salgo sin nada de beber en la bici, a los pocos kilómetros está el primer avituallamiento y me ahorro llevar nada desde el principio. Otra cosa que me llama la atención es que muchos llevan hasta 4 bidones más los que vayan cogiendo en los avituallamientos, aparte restos de geles y envoltorios y demás que te encuentras tirados por la carretera. Yo en la bici suelo comer muy poco y si no hace calor también bebo bastante poco, al menos hasta la mitad de la prueba.


Primera vuelta, la pequeña, 53 km a 31´9 km/h. Ni en sueños, pero lo mejor es que voy comodísimo, muy fácil. Sigo adelantando a muchos participantes y feliz de la vida. Segunda vuelta, 70 km y 30´7 km/h. Esto sigue muy bien, a poco bien que se mantenga puedo empezar a pensar en cambiar de objetivos, ya no se trata sólo de acabar o acabar bien, ya puedo empezar a ilusionarme con una muy buena marca. Km 107 y sigo adelantando, puesto 625. Disfrutando como un enano, todo el aire que me había comido la semana anterior camino de Vitigudino está dando sus frutos. Por cierto, en la tercera vuelta se va levantando algo de aire, aunque no es es muy molesto. También se va notando el calor y el cansancio, la media, inevitablemente, va bajando, pero se mantiene cercana a los 31 km/h. Recuerdo un documental que había visto hacía unos días que decía que los guepardos no pueden mantener la altísima velocidad que alcanzan por mucho tiempo porque se les recalienta el cerebro y se morirían, jajaja, me aplico el cuento y aparte de bajar la velocidad (aunque no sea voluntariamente) me empiezo a echar agua por la cabeza, no sea que se me recaliente la sesera y me de allí mismo un patatús, jajaja. Además uno de mis problemas recurrentes, los fortísimos dolores en las plantas de los pies no aparecen de momento. Me empezaron a molestar por el km 130 más o menos y desde luego mucho menos que otras veces, no es un dolor fuerte y se alivia sacando en alguna bajadita el pie de la cala y dándole algo de libertad, también me echo un poco de agua y flojo las zapatillas. La tercera vuelta 57 km a 30 km/h, llegando a la segunda transición en el centro de Vitoria muy contento.

En total los 180 km casi clavados en 5 h 52´ a una media de 30´8 km/h que me dejan realmente satisfecho, para mí es casi impensable hacer esa distancia (1.100 m de desnivel) a más de 30 km/h. Como decía más arriba no han puesto una clasificación general con puestos en cada sector, pero me gustaría saber el puesto por comparación a otros, aunque según se lee por ahí estaría bastante desvirtuado porque al parecer ha habido "drafting" a lo loco, con grupos de 30, 40 ó 50 chupando rueda y a relevos. Yo desde luego en la zona que me he movido no había ni un grupo, si acaso algún agrupamiento puntual de tres o cuatro en algún adelantamiento, pero salvo dos que me adelantaron que iban perfectamente pegados y seguramente a relevos he visto bastante respeto por mantener distancias. Al final de la bici acabo en el puesto 577.

En toda la bici he comido, de lo que llevaba yo una barrita y unas gominolas (ni la mitad de las que llevaba), de los avituallamientos (8) creo que 5 ó 6 medios plátanos y he bebido dos o tres bidones de agua y otros tantos de acuarius (no los daban llenos del todo), más el agua que me he echado por la cabeza y en los pies.

Después de una bici tan buena la mera quimera se va materializando, haciendo menos de 6 horas en la bici lo que no era más que un sueño pasa a ser un objetivo real y factible, a partir de ahora hay que correr no sólo con la vista puesta en la lejana meta, sino también con un ojo en el cronómetro. Sí, ya sé que muchos diréis que bastante es con acabar, pero no puedo dejar pasar la oportunidad que se me ha presentado, no era para mí un objetivo inicial, sobre todo porque como decía al principio lo veía inalcanzable, pero teniéndolo a mano no voy a desaprovechar la ocasión sin pelear.

Poco más de minuto y medio de transición y vuelvo a adelantar algunos puestos, salgo a correr el 561.

La carrera son 4 vueltas, en las que se pasa por el centro, por la zona de meta, por zonas de paseos, de parques con mucha animación y una zona un poco más solitaria, pero también urbana, nada de correr polígonos ni extrarradios y bastante sombra. Como ya había sucedido en la bici, extraordinario despliegue de voluntarios y avituallamientos muy completos, en los que bebo agua, acuarius y coca cola y comer no como nada sólo en un par de ocasiones me meto en la boca unos frutos secos y unas patatas fritas por cambiar el gusto y al final si no recuerdo mal también probé un trozo de melón. Pero sigo diciendo que en triatlones largos falta cerveza, ese cañero del Ironcat no se me va de la cabeza. A diferencia de la bici, en la carrera a pie sí que suelo beber bastante. También en los avituallamientos hay unas piscinas hinchables con agua para refrescarse, aunque no hace mucho calor, viene bien remojarse de vez en cuando la cabeza o las piernas.


Empiezo a correr cómodo, más fácil de lo que pensaba, en torno a los 6´/km, paso por el control del km 4`5, puesto 567 he perdido algunos puestos, control del km 15, me mantengo, puesto 565. He dado las dos primeras vueltas al circuito, la mitad de la maratón en 2:13 (no tengo marcado el primer paso por meta, pero si no recuerdo mal debió ser 1 h 3´más o menos y la segunda 1 h 10´). Corriendo relativamente a gusto, cierto que a veces pareces venirte abajo, pero después del paso por los avituallamientos al beber y refrescarte se recuperan las ganas, incluso las piernas.

El sueño de las 12 horas sigue al alcance de la mano, es más, es ahora, cuando ya va mediada la maratón y sigo estando dentro de los cálculos cuando se ve cercano, aunque no será fácil, llevo 9 h 40´y me quedan 2 horas y 20 minutos para hacer 21 km., un poco apurado, pero no es imposible. En la tercera vuelta aún voy relativamente bien, pero siento la necesidad de parar a caminar algún rato más de lo que me gustaría, la pelea del angelito del hombro derecho animando a continuar con la lucha y el diablillo del izquierdo animando a parar y dejarse de tanto esfuerzo es continua. Al final, recordando que el año pasado hice más rápida la última vuelta que la tercera una vez que ya no hacía calor, llego a una entente cordial: haré algunos tramos caminando lo más rápido que pueda para llegar un poquiiiito más descansado a la última vuelta y darlo todo en ésta. En el control de paso del km 25´5, he vuelto a perder algunos puestos, soy el 571.

Sin embargo hay cosas que no entran dentro de las matemáticas hay factores que se escapan de la pura lógica. Más o menos a falta de un kilómetro y pico para la meta, en la C/ Prado y la entrada a la Plaza de la Virgen Blanca y hasta meta es donde más gente se concentra, intuyendo cercano el final empiezan a animar muchísimo, la energía que trasmiten es impresionante, en esos tramos se te olvidan dolores, molestias o cansancios y sólo corres y corres como si acabaras de empezar; seguramente el cronómetro diría que no es así, pero aquí lo que cuenta es lo que tú sientes... y te sientes volar. No soy mucho de emociones en carreras ni siquiera al cruzar la meta cuando mucha gente, en ciertas pruebas muy duras, llora de emoción, pero ese kilómetro de la tercera vuelta ha sido de lo más emocionante que he pasado en toda mi vida deportiva, de verdad que se me pusieron los pelos de punta.

Por cierto, hablando de ánimos, es muy agradecido llevar el nombre en el dorsal y que te animen de forma personalizada. Ya cuando el nombre que pone es el tuyo... es la leche, jajajaja.

No sé que lío prepararían con los dorsales, durante la bici adelanté al 1041 y ponía mi nombre, pensé que habrían cambiado nuestros nombres, pero al mirar si el 1041 se llamaba Antonio veo que no, que Antonio era el 1043, jeje. Incluso en el vídeo de meta que puse hace unos días en el facebó se oye al comentarista narrar la entrada en meta de "Antonio".
Pero me queda una vuelta, hay que volver a la dura realidad de los números, he dado la tercera vuelta en 1 h 12´, por tanto me queda 1 h y 8 minutos para hacer la última, 10´5 km, muy complicado, pero aún factible. Más o menos hasta la mitad voy bien, quizás un poquito retrasado del objetivo, pero manteniendo el ritmo anterior, de hecho en el control del km 36 he adelantado un montón de puestos, soy el 545, se ve que a mucha gente le había dado el bajón y yo me iba manteniendo, pero de la mitad de la vuelta hasta el final cambió el cuento y seguramente todos esos me volvieron a adelantar. Después de uno de los avituallamientos en el que fui caminando algo más de rato del que hubiera querido me fue casi imposible volver a trotar, dolores de piernas, amagos de calambres en gemelos y tibiales y mucho cansancio, ahí perdí tiempo e ilusiones, dando por finalizado el sueño. Después de 220 km de nadar, pedalear y correr me había despertado dándome de bruces con la realidad durante no más de 4 ó 5 kilómetros en los que fui renqueante y en los que las veces que intentaba trotar un poco era un suplicio quizás más ya por abandono de la lucha que por verdaderos problemas físicos (al margen del natural agotamiento, claro), aunque todavía fui alternando caminar con un trote absolutamente cochinero. Pero otra vez, como por arte de magia, todas esas penalidades se acabaron al llegar de nuevo a ese último kilómetro y medio mágico y volví a "correr" sin pensar en dolores sólo en disfrutar y agradecer los aplausos y en recoger el premio que me esperaba al final de una alfombra azul.


Por acabar con los datos: la última vuelta la hice en 1 h 25´ para acabar la maratón con con un tiempo de 4:51:57 y el Iron con 12:18:13, puesto 577, curiosamente el mismo en el que acabé la bici.

Ahora a ver si por entrar en meta con las gafas Spiuk me toca una inscripción para el año que viene que dicen que iban a sortear, jeje.
En fin, este ha sido el relato con fríos números y cálidas sensaciones de un sueño que se me presentó de forma inesperada, sin buscarlo, que me permitió tocar el cielo con las manos, pero que finalmente no me dejó atraparlo y se me escurrió entre los dedos. Para mí el tiempo que hice sigue siendo extraordinario, pensándolo fríamente hacer la maratón en poco más de 4 horas y media creo que era muy complicado, habría supuesto bajar 10 minutos el tiempo que hice aquí el año pasado, que me salió una maratón muy buena, pero sigo pensando que tengo ese margen de mejora, el problema es que pueda hacerlo otro día en que me salga también una extraordinaria bici.

De todos modos, quizás mejor así, que la quimera siga viva, que siga siendo el objetivo imposible por el que ilusionarse y quíén sabe si pueda atraparlo en la próxima ocasión. Lo que ya no me puede arrebatar nadie es lo conseguido.




Evidentemente, para despedir, la canción con la que abría la crónica y que le da (con algún "retoque") título: África. Una canción imprescindible, de las que más me han gustado en toda mi vida, de un disco imprescindible el Songhai de Ketama, Toumani Diabaté y Danny Thompson (salvo el tontorrón "Vente pa Madrid", concesión al "flamenqueo" fácil y single de enganche comercial). Es un disco delicioso donde se combina perfectamente la kora con las guitarras flamencas. De hace un montón de años, del 88, cuando se empezaban a hacer estas combinaciones musicales y se empezaba a oír música africana en España. Si no lo conocéis oíd la canción y oíd el resto del disco.

sábado, 3 de mayo de 2014

La Media de casa y el number guan.



Un año más la Media del pueblo, ese "hijo" que parimos (parieron) los Jaramugos hace 11 años y en cuya atención me vi involucrado desde su nacimiento, hijo que tras unos años dubitativos finalmente salió para adelante en nuevas manos adoptivas, sin despegarse del todo de sus padres biológicos, superando todas las expectativas iniciales y que no para de crecer.

Este año tocaba de nuevo correr, además quería correr fuerte y bien. Sin embargo, como casi siempre, la preparación no había sido lo suficientemente buena: unos kilos de más que no he sido capaz de quitar en todo el invierno y la Semana Santa el fin de semana anterior con sus muchas comidas y bebidas y su única salida a correr que más que correr fue procesión penitencial. Ay, a veces echo de menos esos inviernos de hace unos años en que preparando la maratón de Badajoz que se celebraba a finales de enero salía a correr así cayeran chuzos de punta o hicieran todos los grados bajo cero del mundo. Este invierno en cambio cuando no era por una cosa era por otra, se me hacía tarde, hacía frío o simplemente no me apetecía salir a correr y además como nos cerraron la piscina ni siquiera podía hacer un mediano mantenimiento de forma física como los últimos años en que esos días desapacibles los aprovechaba para nadar.

Sin embargo de piernas no me veía mal del todo, algunos días estaba corriendo razonablemente rapidillo, eso sí se me acababa pronto la gasolina.

Puestos en antecedentes a modo de "excusatio non petita...", jajaja. No estaba muy seguro de cuánto podía dar realmente, pero bueno veremos, como dice Atalanta "lúdico en la preparación, agónico en la ejecución". Yo a darlo todo, sea mucho o poco lo que pueda dar, pero no dejarse nada dentro. Puestos a cuantificar 1:35 estaría bien, no es lo que habría esperado unos meses atrás, en que la tenía como "objetivo" pero para las condiciones actuales estaba bien.

Unos días antes me viene encima una nueva "responsabilidad", por obra y gracia de Atalanta soy el dorsal nº 1. Uysss, hay que cumplir dignamente con ese papel.

Tomando el relevo de los "galones" de manos de Fito, el nº 1 la edición pasada.
Pero además hay que echar una mano en lo que se pueda, como ya sabréis casi todos la Media Maratón de Ciudad Rodrigo en esta su segunda y brillante etapa está coorganizada por el Club Cazahítos, el Club Rincón Oeste y los Jaramugos y Jumentos. Por nuestra parte realmente sólo está involucrado Abel y los demás acudimos a ayudar cuando se nos requiere, nada de desvelos ni preocupaciones, como hormiguitas obreras solamente hacemos lo que se nos "ordena". Así el sábado por la tarde estuve colaborando en el montaje de la infraestructura en el pabellón, tampoco penséis que un trabajo para deslomarse, con muchas manos (como es el caso) se monta todo en un periquete y después reencuentros, saludos, charlas y cañas con amigos locales y visitantes.

El domingo también hay que echar una mano para montar la línea de meta, pero aparte del madrugón, el trabajo también es llevadero, otra vez muchas manos colaborando me permiten coger pronto el autobús para la salida en Sancti Spiritus.

Preliminares al uso con algunas fotos que quedarán para el recuerdo.



Y a correr.

Salgo bien, me cuesta un poco coger el ritmo en el callejeo por Sanctis, pero enseguida estamos en carretera. El día es ideal, de momento algo fresco a la sombra, pero mejor, ya llegaría el momento de pasar algún sofoco. El viento como se preveía es lateral incluso más bien favorable.


Cómodos y razonablemente rápidos los kilómetros en subida hasta el cruce de la carretera de Bocacara y estamos casi en mitad de carrera, en la bajada un par de kilómetros desbocado, sin miedo a cargar las piernas demasiado. La recta (km 13-15) bien, corriendo con ganas y, de momento, sin atisbo de flojear. Otra vez a tope y forzando en la bajada de San Giraldo y conociendo la subida que se avecina decido tomármela con calma, a modo de recuperación  acortando mucho el paso, de modo que me alcanzan algunos a los que había adelantado en la bajada previa, pero tan pronto acaba lo más duro vuelvo a apretar, son kilómetros difíciles, 17-18, donde suele estar el "muro" en la media, pero me veo con fuerzas, eso sí, se acabó la comodidad, en este momento viene a verme Paula Radclife (o como se escriba), es ahora cuando empieza mi particular repertorio de cabezazos, cabeza gacha y apretar los dientes como en las grandes ocasiones, y parece que da resultado, el ritmo sigue siendo bueno, no tanto el estilo, jajaja.

Kilómetro 19, entramos en el patio de casa, la calle Santa Clara, mucho ánimo, mucho público y entro en una nueva fase de mi correr "agonístico", los cabezazos dejan paso a la boca abierta queriéndome comer todo el aire, veo gente, recibo ánimos que agradezco, pero no presto mucha atención, sólo sé que necesito oxígeno. Eso sí, como a mitad de la calle hay una señora mayor que me anima de forma "ortodoxa" y cuando paso a su altura anima con un "venga gordito" o "ánimo el gordito" o algo parecido, no recuerdo qué dijo exactamente, desde luego lo de gordito lo dijo, jeje. Como decía  al principio soy consciente de que no llego en mi mejor forma, me sobran 3 ó 4 kilos, pero hombre tampoco es que esté tan gordo, jajaja, muy atrás quedan los tiempos en que sí habría sido lógico oír esos comentarios. Así que un poco sorprendido me vuelvo por ver si detrás venía algún otro "gordito". Compruebo que no. Vengo solo, el comentario efectivamente era por mí, así que me salió "pero bueno, que no estoy tan gordo..." o algo así con el descojono de otro grupito de espectadores que había cerca.

En fin, sigo a lo mío, centrado, apretando lo que puedo, paso por delante de la puerta de casa, la Glorieta, ánimos conocidos, entrada a la muralla, último esfuerzo, línea de meta, Atalanta casi bajo la pancarta y fin.


Al final contento con el resultado, sin estar en plena forma hice 1:34:05, que si no me equivoco es mi segunda mejor marca en media y no estuve tan lejos de la mejor (aunque sigo teniendo mejor marca en la mitad de un maratón).


Recuperado el resuello, charlo un rato con algunos compañeros y con Atalanta bajo la insistente impertinencia de un "ordenanza" y a por las cervecitas recuperadoras.

Después desmontaje de línea de meta: unas vallas por aquí, unas cintas por allá, esas pancartas por el otro lado, sube lo otro al camión... y a la fiesta del pabellón. Comida y charlas, recogemos todo lo del pabellón con mucha gente colaborando y alguna otra estorbando y a seguir la fiesta largamente, pero esa es otra historia.

Aunque parece que alguien no ha querido verlo ahí están algunos Jaramugos currando en el desmontaje de la meta.


Parte de la organización y voluntarios después de recoger todo lo del pabellón. Buen trabajo.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Ultra Doñana 2013. Arrancada de caballo, parada de burro.


Sevilla, Puerta de Jerez, sábado 9 de noviembre, 8 de la mañana.


Estoy tranquilo. El día parece perfecto. La distancia larga, pero asequible. El desnivel mínimo. Los entrenamientos... bueno, los entrenamientos lo de siempre, un poco caóticos, pero allá vamos. Sólo se me presenta una duda, el fin de semana antes en una salida de unos 18 km. acabé con un dolor en la planta del pie derecho (ligera molestia también en el izquierdo). No es la primera vez que me pasa, pero casualmente viendo el foro de carreraspopulares esos días me enteré de que hay una lesión (o un grupo de lesiones) que se llama metatarsalgia: un dolor en la parte delantera de la planta del pie, el síntoma más identificable es la sensación de correr con una chinita o una pequeña bola bajo esa zona del pie. Como digo ya me ha pasado más veces, no recuerdo cuándo ni qué consecuencias o duración pudo tener, pero si sabes como se llama una lesión parece que es más grave, jajaja. Así que toda la semana con hielo y con precaución dudando de si en una carrera tan larga como la que me esperaba el dolor sería soportable o acabaría por vencer (incluso llevé el frontal en la riñonera. En condiciones normales no tendría problemas para acabar de día, pero por si acaso) . Por lo demás todo bien.

Altimetria

En la salida me coloco más o menos delante. La marcha es "neutralizada"  durante los primeros 6 km hasta llegar a San Juan de Aznalfarache y a un ritmo superior a los 5 min/km voy en el grupo de cabeza sin grandes esfuerzos, de hecho en algún momento llego a encabezar la prueba tras el coche, al que parece que vamos empujando para que vaya más rápido.

En el km. 6 se aparta el coche y a correr, tampoco mucho, algo menos de los 5 min/km, porque poco después empieza la que será la única cuesta que podemos llamar como tal, unos 4 km en los que se sube de 0 a 100 (redondeando). Hasta ahora todo asfalto, unos 10 km. A partir de ahora entramos ya en pistas y caminos anchos (creo que por allí los llaman "carriles"), empieza el verdadero camino al Rocío.

Sigo muy cómodo con un ritmo en torno a los 5´ km, o algo inferior. Feliz de la vida. Pienso en que todas las ultras tenían que ser así de llanitas, jajaja, que se puede correr muy bien, no esos cuestoncios matadores. Eso sí, el entorno no tiene nada de espectacular: olivares, camino ancho, llano, sin sombras y sin nada destacable, bueno sí en alguno tramos, sobre todo al principio, destacable por negativo: bastante basura y escombros hasta que nos alejamos de todo núcleo de población o zonas de pequeñas fincas y corrales.


Km 20 en 1:40 o algo menos. Esto es demasiado rápido, lo sé, pero es difícil aflojar si vas bien. Por el km 24 ó 25  un ciclista que viene en sentido contrario me canta el puesto, el 47. Ya lo que faltaba chaval, ¿ahora hasta vas a ir pensando en hacer "puesto"?. Lo justo, como para aflojar. Al contrario parece que siempre hay alguien "a tiro" para pasarlo. Sin embargo sería el canto del cisne. A partir de ahí los kilómetros se fueron haciendo más lentos, por ahora en torno a 5´30, ritmos que nunca volvería a recuperar. Y empieza el rosario de adelantamientos (de momento un rosario, poco a poco, luego ya veremos), que me adelantan a mí, se entiende, no que yo adelante, jajaja.

Este tramo (km 27 más o menos) es lo más parecido a un sendero que pasamos, era una zona en que el camino estaba encharcado y para evitar los charcos y el barro se pasaba entre los árboles al lado del camino.
Parece que la gasolina se va acabando, ya siento la necesidad de hacer algunos ratillos andando y el calor, sin llega a ser excesivo, empieza a dejarse notar.

Km. 39 avituallamiento de Villamanrique de la Condesa, como y bebo bien, que ya lo iba necesitando. Y para adelante. Km. 40, después de la paradita en el avituallmiento, 3 h 37´. Joer pero si estoy casi en ritmos de maratón, jajaja.

Poco después sí que empezaría el declive definitivo, en el tramo entre Villamanrique e Hinojos (los dos únicos pueblos por los que se pasa una vez abandonado el entorno de Sevilla), unos 9 km de subida continua muy suave ya lo empecé a pasar mal. Calor, fatiga y me empezó a doler la planta del pie que hasta ahora había notado sólo con ligerísimas molestias. Ya alterno continuamente el trote con la caminata y  me empieza a pasar la gente "a chorros".

En Hinojos, km 49, me descalzo y aunque sé que no es el problema, reviso alguna posible arruga del calcetín o piedrecilla que me pudiese ir molestando. Ese ratillo sentado me viene muy bien y reanudo la marcha con 5 horas justas y energías renovadas que, naturalmente, duran poco, aunque quedan poco más de 20 km y por muy mal que se dé en un par de horas y media o tres estoy en meta.

El polvo del camino.

Al salir de Hinojos nos empezamos a adentrar en zona de pinares (ya  habíamos pasado alguno más pequeño antes), por fin estamos en terrenos del Parque Natural de Doñana, zona de influencia del Parque Nacional. Esto ya es otra cosa, no es que haya mucho más que pinos y camino, pero es  "más naturaleza", la hierba es de un verde luminoso y la verdad es que se alegra la vista, es un entorno muy atractivo.


Esta zona es la que asociamos a las imágenes que más o menos todos tenemos grabadas de las romerías al Rocío, con sus Pantojas y demás caterva y a las sevillanas que las acompañan y que, aunque no se quiera, todos hemos escuchado alguna vez con sus referencias al polvo del camino y a la sombra de los pinos.

Y la verdad es que polvo del camino hubo, tampoco tanto, porque las lluvias otoñales que habían hecho brotar esa verdísima hierba también había aplacado las polvaredas, no es que los caminos estuvieran húmedos, pero tampoco resecos y polvorientos, eso sí hemos tenido que pasar muchas zonas de arena fina y blanda como si fuera una playa, por otra parte la sombra de los pinos se agradecía enormemente a estas horas del mediodía.


Aunque no estaba yo para muchas alegrías. Los kilómetros se me estaban haciendo eternos, aparte de los dolores de los pies ya me dolían también las piernas, cansadísimo, tenía que parar por completo de vez en cuando y agacharme un poco a ver si se estiraban algo los músculos, me estaban dando también algunos amagos de calambres en los tibiales, en fin que iba fundido del todo. Es entonces cuando me acordaba de los alegres kilómetros iniciales, de esos dichos de la "arrancada de caballo y  parada de burro" o ese otro más "atlético" de "empezar como un viejo para acabar como un joven", de mis absurdas ilusiones de "hacer puesto" cuando todo era de color de rosa, incluso de que una ultra tiene que tener sus buenos cuestoncios para obligarte a caminar y no fundirte corriendo desde el principio, jajajaja, ¡cómo cambia el cuento!. Vamos vejestorio, pero en qué estarías pensando. La gente que me pasaba me dejaba atrás con mucha facilidad, incluso al ver cómo me pasaban algunos pensaba: bueno, van muy rápido, serán de los que corren por relevos. Pero no eran ellos los que iban rápido, era yo que iba lento, jajaja, modificando (naturalmente a peor) el tiempo previsto de llegada.

Tras 13 kilómetros de pinares por fin teníamos a la vista las primeras casas de El Rocío y tras un pequeño rodeo que no parecía venir a cuento (luego he leído que la organización lo hizo así precisamente para evitar el paso por más calles de El Rocío por ser, como realmente lo son, un tanto caóticas. Parece un pueblo de las películas del oeste donde andan los caballos, los carruajes, los coches y las personas cada uno como y por donde mejor le parece) me permití el lujo de hacer los dos últimos kilómetros a ritmo un poquillo más vivo para entrar en meta, a la puerta de la Ermita completando los 72´43 km (según mi Garmin) en 8:36. Tras pasar la meta y beber algo frío sólo estaba deseando descalzarme.


Al final, después de todo lo mal que lo había pasado es un tiempo bastante aceptable, me sale a 7:08 el km, que no está mal y puesto 198 de 386 que acabaron, lo que objetivamente está dentro de mis posibilidades y antes de empezar habría considerado un buen resultado, claro que he hecho 3 h 37´ en 40 kilómetros y 5 horas en los 32 restantes. Coño pues como los buenos casi "doblando" tiempos en la segunda parte, jajajaja.

La carrera en sí no es gran cosa en la mayor parte del recorrido, sí tiene el gran atractivo de hacer el "camino del Rocío",  lo que me llamó la atención desde el principio y me decidió a apuntarme tan pronto la conocí. En el aspecto organizativo razonablemente bien. Los voluntarios muy bien y animosos, además un destacable acompañamiento ciclista, algunos (muchos) formando parte de la organización, pero muchos otros, sobre todo en la primera mitad del recorrido, ciclistas que habían salido a hacer su ruta habitual de fin de semana. Todos con una palabra de ánimo en la boca, así como los vecinos de los pueblos que atravesamos e incluso los guardias civiles o policías locales que controlaban los puntos más conflictivos.

Ah, eso sí la llegada junto a la ermita una gozada, un precioso regalo para acabar.




Como aspecto más negativo el comportamiento de algunos corredores con el entorno. No sé si porque por las características de la prueba había mucho debutante en esto de correr por el campo que no está lo suficientemente concienciado de lo que significa o por qué motivo, pero he encontrado por el campo más basura de los corredores de lo que  sería deseable, desde luego no algo generalizado, pero sí más de lo que se suele ver en otras pruebas de montaña. También parece que la organización cumplió bien su papel y al paso de los últimos corredores fue recogiendo (al menos en el último tramo, el del Parque Natural, que por supuesto era el más delicado y a la vez el más conflictivo para obtener permisos en años sucesivos), porque en la entrega de premios el domingo por la mañana uno de los alcaldes de la zona se congratulaba de que los responsables del parque estaban satisfechos con la limpieza.

Y ya para acabar, esta semana he tenido las piernas cargadísimas, no con agujetas, pero sí con dolores y cansancio, sobre todo en los gemelos, bastante más que después de pruebas más duras.

lunes, 14 de octubre de 2013

Iberman, La Luz (y las sombras).

Por fin retomo "croniquear" una prueba después de un tiempo de vagancia para escribir.

1ª edición del Iberman, La Luz, tri "low cost" distancia IM en las costas de Huelva, de Lepe para ser más exactos.


Desde que tuve conocimiento de su existencia un firme candidato a engrosar mi palmarés "ironmaniano", y es que cuando lo anunciaron hace casi un año,  si no recuerdo mal el precio era 125.-€ solo el tri y 175 con dos noches de alojamiento y desayuno para dos personas en hotel de 4 estrellas. Pero igual que no estoy dispuesto a pagar 400.-€ de inscripción, tampoco lo estoy a apuntarme un año antes y menos a las dos cosas a la vez, por ejemplo, me acabo de enterar de que se han abierto las inscripciones para el nuevo IM de Mallorca de septiembre del año que viene, más de 500.-€  (de momento así ha sido, quizás en algún caso muy muy excepcional, y de darse seguramente sería más en el mundo de la montaña que en el del tri, pueda tragar con lo del precio o con lo de la antelación). A lo que iba, en el Iberman fue tal la avalancha de preinscripciones que en teoría se cerró el cupo y me olvidé del tema.

Hasta hace un par de meses en que supongo que viendo algo por algún foro me enteré de que se habían vuelto a abrir las inscripciones para las últimas plazas. El precio ya no era el inicial, lógicamente, pero lejos de "subirse a la parra" el precio seguía siendo muy apetecible: 225.-€ con las dos noches de hotel para dos personas. Dicho y hecho, además se apuntaba también Atalanta. El primer fin de semana de octubre ya estaba ocupado.

Capítulo 0. El primer susto y preliminares.

Estudiados convenientemente horarios llego a La Antilla (o Islantilla,  la verdad no sé muy bien dónde estuvimos o qué diferencia hay entre ambas) con tiempo suficiente para recoger el dorsal y dejar la bici en boxes sin agobios, pero tampoco es que fuera muy sobrado. Después de unas vueltas para aparcar decido ir lo primero a cumplir esas obligaciones sin subir siquiera a la habitación del hotel.

Me acerco a la zona de secretaría, compruebo mi dorsal en la lista, 414, me ponen la pulserita y siguiente paso: recoger la bolsa con dorsales y demás.

No está. ¿Has comprobado...?. Sí, es el 414. De la mesa de la lado se lo vuelven a confirmar al voluntario. Pues tu bolsa no está. Espera que pregunto a....Pues no. Espera, voy a ver si.... Tampoco. Hasta que aparece una chica. Efectivamente tu bolsa no está, te ha tocado la "china", hay un problema, que realmente no me llegué a enterar cuál era. Espera que llamo a ... y vemos cómo lo solucionamos. Pero tengo que llevar la bici a boxes, cierran a las 21:00, no he pasado ni por el hotel por que no se me echara el tiempo encima y con este follón ... No te preocupes por eso, podrás llevar la bici cuando solucionemos esto sea la hora que sea. Vale. Vete al hotel y te llamamos por teléfono.

Joer qué mal rato, después de más de 500 km de coche, y sin solución de continuidad encontrarme con este lío me hace ir más acelerado y tenso de lo que debía. Cuando estoy en la habitación me llamaron (más rápido de lo que pensaba), asunto solucionado, pásate por secretaría.

Ahora soy el dorsal 708. No obstante, mi sitio en boxes será en el mismo lugar en el que estaba el 414, pero ahora con ese nuevo número (también cambiando en la barra de boxes). ¿Y el chip?. Te lo dan mañana al entrar en boxes. Correcto. A cenar.

Al final, de momento, el tema se solucionó bien, no se demoró demasiado y estoy cenando a buena hora.

Es el momento de contar algo sobre uno de los aspectos más destacados de la organización del Iberman. Como decía al principio por un precio casi "de risa" tenemos dos noches con desayuno para dos personas en hotel de 4 estrellas. Realmente los dos o tres hoteles de la organización son espectaculares. Son dos hoteles gigantes (en uno de ellos centrado el tema de secretaría, dorsales y bolsas para T2 y más tarde la charla informativa en un salón también gigante) separados por una calle y junto a los boxes (o mejor dicho los boxes situados junto a ellos). Son de esos hoteles con cientos de habitaciones, una piscina y un jardín enormes que en plena temporada están (supongo) llenos de turistas con esas pulseritas de "todo incluido" y en los que en la zona de la entrada y recepción casi se puede circular en nuestras flamantes bicis. Un acuerdo beneficioso para todos permite tenerlos llenos de gente fuera de temporada. Los que se quedarían alucinados serían los turistas "normales" que pensarían que iban a estar más solos que en el hotel de "El Resplandor".

La cena también es a precio "de saldo". Buffet con todo tipo de "manjares" apetecibles junto a varias ensaladas de pasta y sendos platos de pasta y arroz a "palo seco" que evidentemente no pruebo (ni unas ni otros). La comida entra por los ojos y me pongo como el Quico, aunque luego realmente no está tan bueno como aparenta, pero bueno, fueron varias las veces que me levanté de la mesa a por otro poco de ..., otro poco de ..., unos pastelitos de éstos... un flan de aquéllos..., jajaja. Una buena cena para lo que esperaba al día siguiente.

El desayuno del sábado, día de la prueba también fue abundante aunque me "corté" un poco, no en cambio el del domingo, seguramente desayuné ese día más que el resto del año junto.

Capítulo 1. Segundo susto.

Con tiempo de sobra me encamino a  boxes con Atalanta. A la entrada, en teoría, me tenían que dar mi chip. Por allí no hay nadie con pinta de ser el encargado de tal menester. Espero un momento junto a la alfombra y el equipo que controlará el paso del chip a la salida de boxes con la bici. Nada. Voy de nuevo a la secretaría, a preguntar o quizás incluso tengan allí el chip. Tampoco. La chica que me atendió el día anterior me vuelve a decir que me lo deben entregar a la entrada en boxes. De nuevo a esperar junto a la alfombrilla. Y el que espera, desespera. El "colchón" de tiempo que tenía para preparar con calma y sin agobios todo lo de boxes: bici, bidones, comida, neopreno, etc, se empieza a desinflar.

El tiempo se empieza a echar encima y decido ir a preparar todo, no sea que lo del chip se retrase y luego no me dé tiempo. Aún tengo margen, pero ya todos los preparativos los hago con el agobio encima. Con el neopreno a medio poner vuelvo a mi punto de cita. Nada. Pregunto a unos y otros, nada. Miro el reloj. Vuelvo a preguntar y a mirar el reloj, nada. Ahora ya sí empiezo a jugar contra reloj. Quedan menos de 10 minutos para la salida, estoy decidido a irme a la playa y hacer la prueba sin chip. Vuelvo a preguntar a un tipo cargado de banderolas y otros achiperres. Es de la Federación Portuguesa, que resultan ser los encargados del cronometraje de la prueba. Le cuento la película y empieza a llamar por teléfono. Varias llamadas y no se resuelve el tema. "Pronto (no es que el tipo metiera prisa a su interlocutor, en portugués viene a ser un saludo), está aquí el dorsal 414 y bla bla bla", y yo "sí pero el chip que me tiene que dar es el 708". El buen hombre con toda la pachorra del mundo y yo mirando el reloj, quedan 5 minutos. Lo único que me da cierto margen es que los jueces están reunidos a nuestro lado, pero en cualquier momento pueden irse a la salida y yo allí "negociando" con el que me pide calma a la vez que yo le muestro el reloj, "sí sí, calma, pero ...". Finalmente se aclara el asunto. El chip me lo tiene que dar otro de la Federación Portuguesa que está en la playa en el arco de salida junto al crono y la alfombra de control del final de la natación.

Ale, a correr como loco por los larguísimos boxes y una vez en la playa a pedir paso desesperadamente por la estrecha pasarela de madera que hay sobre las dunas para llegar al agua y que estaba llena de gente que se dirigía a ver la salida.

Me meto en el agua aunque sólo sea por ver cómo está de temperatura y dar dos brazadas y para afuera. Justamente al salir y, aunque parezca imposible entre el gentío y medio en penumbra, me encuentro a Atalanta y nos contamos nuestras cuitas (él se encontró con que su bici estaba pinchada y también contra reloj tuvo que reparar y dejarla a medio hinchar porque tuvo problemas con la válvula).

Después de tanto correr y tantas prisas tuvimos buen rato para charlar porque la salida se retrasó casi 15 minutos.

Capítulo 2. A nadar con el sol naciente.

El día está empezando a despuntar, el sol aún no se deja ver, pero lo hará en los próximos minutos. Me quedo más o menos en la parte trasera de la salida y empiezo a nadar sin mucho agobio. Ni siquiera en estos primeros momentos he tenido mucho problema. El primer largo perpendicular a la playa, se hace bien,  la boya no está muy lejos y se ve relativamente bien. Al doblar la primera boya la cosa cambia, ahora se nada paralelo a la playa, este segundo largo lo es de verdad, la boya está mucho más lejos y además nadamos en dirección al este, el sol está saliendo con lo que nos deslumbra y es imposible no ya ver, incluso intuir la boya, porque además no hay boyas intermedias que te sirvan de guía. Sí se ve más o menos unas luces de una de las embarcaciones de la organización. Entre eso y  seguir a los nadadores que van delante, aunque muy dispersos, se va orientando uno. No sé si haría muchas "eses", pero la primera vuelta se me hizo muy larga. La segunda la hice algo más cómodo aunque tardara un poco más. Además acabé con muy buen sabor de boca porque en el último largo antes de girar la última boya hacia la playa pude adelantar a un grupito.


Mar muy tranquilo, con algo más de oleaje durante la segunda vuelta, pero nada destacable ni especialmente molesto.

Primera vuelta 48:50, segunda 51:09. Total 1:40:00. La clasificación no da puestos parciales. Según dice todo el mundo natación bastante más larga, parece ser que  los GPS dan  entre 4.300-4.400 metros.

Capítulo 3. La bici, disfrute y encerrona.

La bici es a una sola vuelta, mejor dicho es un trazado lineal, con boxes separados, que nos llevará hasta Portugal. Otro de los aspectos peculiares de este tri, que desde la organización se había destacado en su promoción como el primer IM que une dos países.


En España el sector ciclista es con tráfico cerrado con un auténtico despliegue de lujo de la Guardia Civil controlando en todo momento el trazado, incluso con un helicóptero. También bastante control de los jueces de la federación.

Carreteras de firme perfecto, muchos y muy animosos voluntarios y como se preveía la mayor parte del tiempo viento en contra, no muy fuerte, pero constante, porque el trazado básicamente es ir hacia el norte-noroeste casi todo el rato. Toboganes en general suaves y buenas rectas para rodar rápido, con la salvedad del viento. Según vamos hacia el norte se va ganando altura, hasta llegar a unas zonas de pequeñas sierras que me recordaron mucho a las zonas de nuestras Serradillas y luego una buena bajada aunque con un par de repechones por medio antes de cruzar a Portugal. Creo recordar que en la parte española había dos avituallamientos y si no recuerdo mal no me avituallé en ninguno, en el primero seguro y en el segundo creo que tampoco. A estas alturas aún tengo disponibles mis bidones.

Disfruto como un enano, voy muy cómodo y razonablemente rápido, adelantando a bastante gente (también me pasan unos cuantos).

Se pasa a Portugal en el km 75 llego con una media de algo más de 26 km/h y pensando que una vez en Portugal volveremos hacia el sur y el aire nos dará a favor.

Craso error. En Portugal nos tenían preparada una auténtica encerrona. Ya nos habían advertido de que el recorrido no era para hacer marca, de que había unos 2000 metros de desnivel positivo y aunque el techo del recorrido ya lo habíamos hecho en España lo peor estaba por llegar para mí y para la mayoría, de forma absolutamente inesperada.. Hasta ahora había sido una subida más o menos constante, pero con toboganes en general suaves. Nada más cruzar el puente que nos ponía en Portugal nos topamos con un cuestoncio brutal, he leído en algún sitio que en torno al 17%. Alguno de los que va delante de mí lo veo haciendo eses metiendo los riñones, pasado el primer impulso y viendo el cariz de aquéllo meto el triple plato y para arriba. Un poco más adelante alcanzo a dos participantes caminando con la bici de la mano, seguro que no fueron los únicos. Debieron ser cerca de 2 kilómetros en los que creo que no llegué a quitar el "platillo". 

Este fue el aperitivo de lo que nos esperaba. A partir de aquí hasta meta un continuo sube y baja con rampas muy fuertes, no tanto como esa primera, pero aún tuve que poner el platillo otras tres o cuatro veces. Además las carreteras sin ser malas del todo no son lo suficientemente buenas como para poder rodar rápido en las zonas de bajada o en los pocos tramos medio llanos.

En la zona portuguesa el tráfico es abierto, en general muy escaso y tampoco supuso gran problema (al menos para mí), también con bastante control de la GNR en todos los cruces, pero siempre hay algún coche que puede ocasionar algún inconveniente. Por otra parte muy pocos voluntarios y ningún control de jueces, con lo que salvo una moto que sí he visto varias veces, en Portugal ha sido un recorrido muy solitario. En ocasiones me daba la impresión de que era un domingo cualquiera en que había salido yo solo con la bici. 

Mención especial merecen los avituallamientos. Sin duda lo peor de la prueba. Como dije antes en los avituallamientos de España no había cogido nada así que llegaba a  Mértola, casi km 100,  ya con poca bebida y con intención de cargar agua y Acuarius o similar. Al llegar al avituallamiento, en una pequeña cuesta y tras una curva me encuentro a todo el mundo bajado de la bici y por allí revoloteando. Bidones en el suelo, bicis en el suelo, voluntarios desorganizados... Como no hay nadie repartiendo bebida me  paro también y un voluntario me ofrece geles. Geles no quiero, le pido acuarius. No hay. Bueno pues agua, tampoco. ¿Einnn?. Unos metros más adelante veo a Jony también bajado de la bici a la puerta de una tienda. Ha comprado una garrafa de agua de 5 litros y allí van llenado bidones unos y otros. Me llenan un bidón mientras voy a la búsqueda del otro que acabo de tirar, pero que no encuentro. Según camino de nuevo hacia la bici un voluntario me da otro pequeño que acaba de rellenar en una fuente cercana en la que veo voluntarios y triatletas haciendo cola para rellenar bidones.

El problema se agrava en el siguiente avituallamiento, creo que en Alcoutim. Tampoco hay agua. Yo aún tenía en los bidones, pero ante la imposibilidad de recargar hay que "racionarla". La bebida isotónica, sales o energética o lo que sea que dan es Nutri Sport y aquí si hay, así que a falta de agua me bebo un buen vaso, sabe a rayos, tiene un sabor a jarabe horrible por lo que mezclo otro bote con el agua que me queda en uno de los bidones, uf, ni así mejora.   Estando parado pasa una furgoneta y  nos dicen las chicas del avituallamiento que es la que trae más provisiones, pero no paró en ese momento y decidí no esperar más. En el siguiente avituallamiento creo recordar que ya bebí bien y llegué hasta el final con líquido de sobra, pero con esa sensación de racionamieto en la parte central de la prueba.

A partir de aquí están los tramos más llanos de la parte portuguesa, también es el tramo más bonito, pegados al río Guadiana. Sin embargo no acaban las sorpresas en forma de "muros", parecía que ya entraríamos definitivamente en terreno más "amable" pero aún tuve que volver a poner en otra ocasión el platillo. Casi hasta la misma entrada de Vila Real de Santo Antonio, donde acababa la bici no hemos podido volver a rodar relajadamente.

No asustaros, con un 23 detrás se sube todo.

La bici se hizo durísima, aún viendo el perfil y conociendo el desnivel creo que nadie se imaginaba esa encerrona. Al menos en las bajadas podía sacar el pie de la cala para darle un descanso a mi torturada planta del pie derecho, que como siempre al cabo de tantas horas me acaba doliendo. Y sin embargo quedé muy satisfecho de la bici. En la parte española he disfrutado mucho y en la portuguesa con esas subidas de porcentajes tan fuertes, que no me gustan nada, he ido medianamente bien, eso sí harto.

Al final 7 horas y 14 minutos de bici, incluyendo las paradas. Dice el señor Garmin que 175´3 km., 7 horas y 6 minutos en movimiento, 24´6 km/h de media (iluso de mí yo que pensaba que subiría la media algo en la parte portuguesa al tener el viento a favor y al ser, en teoría, terreno descendente ya que había que volver al nivel del mar) y 2.160 m. de desnivel positivo.

Pero para acabar de rematar todavía faltaba otra vuelta de tuerca. Conté al principio lo de mi cambio de dorsal, pero que mi sitio en boxes era el que me correspondía con el dorsal primitivo. Bien, nos habían dicho que en la T2 estaría todo colocado igual que en la T1. Llego a mi supuesto sitio correspondiente al dorsal inicial y allí no está puesto mi nuevo dorsal, sigue puesta la etiqueta con el 414 y por supuesto no está la bolsa con mis zapatillas. Bueno, imagino que mi sitio estará al final del todo. Voy hasta el fondo de los boxes y tampoco. Ya de mala leche pregunto a unas chicas que hay allí por mi sitio correspondiente al dorsal "807". Allí no está el 807. Media vuelta y a buscar con la bici de la mano hacia atrás. Unos espectadores me advierten de que ya he llegado a mi sitio, el 708. Era tal la empanada que me tenía a esas alturas que incluso le llegué a decir que no buscaba el 708 sino el 807. Tuve que mirar el dorsal de la tija de la bici para enterarme de que efectivamente ese era mi sitio.

Capítulo 4. A correr. ¿Seguro que eso es correr?.

Después de esa transición que aparte del incidente ya me tomé con calma, siendo la T2 más lenta que yo recuerde haber hecho desde que hago triatlón, salgo a correr con mucha calma, al igual que la bici la he hecho fuerte, para correr no me veo con fuerzas ni ganas. El día es caluroso y húmedo, en la bici no se notaba tanto, pero ahora ya se deja sentir. Más o menos por el km 4 ó 5 me cruzo con Atalanta que está acabando la bici, su comentario "Anda que ... vaya tela". Más adelante a lo largo de la maratón he pensado muchas veces en que debía estar a punto de alcanzarme, pero se había retirado más o menos por donde iba yo cuando me crucé con él.


Voy trotando a ritmo cochinero, pero tan pronto se inicia la cuesta para subir al puente que cruza sobre el Guadiana me pongo a caminar, tengo claro que las dos cuestas que hay al principio, luego ya es todo llano,  las voy a hacer  andando. Voy con ganas de mear y me planteo hacerlo desde el medio del impresionante puente, jajaja, pero no me atreví a dar el espectáculo, jeje.

Cruzado el puente, ya de vuelta a España poco antes de entrar en Ayamonte empieza la otra cuesta bastante más fuerte así que a caminar otro rato hasta que se empieza a bajar para salir ya a las afueras de Ayamonte y coger la vía verde que va en principio entre marismas y luego entre cultivos de naranjos (creo).

Tras el avituallamiento que hay nada más empezar la vía verde empieza el calvario. Caminando, pero a paso de tortuga, ni siquiera tengo energías para caminar con cierto brío. Empapao de sudor, asfixiao de calor, pájara total, llega un momento en que incluso me tengo que parar a sentarme un rato. No me planteo la retirada, pero lo cierto es que voy como alma en pena. Me empieza a pasar gente trotando, pero incluso los que van también caminando algún rato me dejan atrás rápidamente. De vez en cuando, más por "vergüenza torera" que por otra cosa troto algo, pero me dura poco la intención. Por momentos habría necesitado meter la cabeza debajo de un grifo de agua bien fría, como dice Atalanta para "enfriar el reactor de Fukushima". Todos los kilómetros de la puñetera vía verde se me hacen eternos. Los avituallamientos son un poco escasos, agua caliente, en algunos Coca Cola caliente, en otros Nutri Sport de ese que decíamos que sabía a jarabe, plátano y yo creo  nada más, o al menos no me acuerdo de más, quizás geles, pero encima como para tomar cosas raras, con el estómago un poquillo revuelto. Veo algunas esponjas tiradas por el camino, pero no en los puestos, salvo en uno. También en eso se han quedado cortos, tenían que haber tenido en cada puesto de avituallamiento unos cubos bien grandes y bien servidos de esponjas o al menos de agua para echarte por encima, porque aunque te echaras algo de la de beber no era cuestión de tirarte un par de botellines por encima no fuera que además también se les acabara. Por cierto, ahora que estoy, que no se me olvide, todos los voluntarios majísimos, muy amables y entusiastas animándonos con ganas incluso después de llevar un pila de horas en sus puestos.

Me entran unas ganas enormes de mear cada poco. Sin embargo no meo más de cuatro gotas incluso con algo de dolor, supongo que sería síntoma de deshidratación. El mono empapado de sudor me está haciendo rozaduras. En fin, una situación calamitosa.

Cuando acaba la zona de marismas empieza a anochecer. No los veo, pero oigo zumbar a  mi alrededor unos mosquitos que deben ser como caballos de grandes, afortunadamente fue sólo durante unos minutos y no me atacaron de forma inmisericorde, si no habrían acabado conmigo, incapaz de defenderme con las suficientes energías.

Sin embargo el anochecer sí trajo algo positivo el descenso de temperatura o al menos de la sensación de calor y humedad me reavivó un poco, de modo que una vez anochecido he podido "correr" algo más y algo más vivo. Llego a La Redondela ya de noche, aquí sí hay un avituallamiento un poco más completo, con más fruta e incluso unos frutos secos. Un poco más adelante, en el km 27 ó 29  hay un control de paso, hay que pasar, si no recuerdo mal, dentro del límite de 13 horas desde la salida. Es un margen que en principio me parecía más que amplio, sin embargo en ese momento ya no me parecía que me fuese a sobrar mucho tiempo. En esa zona se vuelve a pisar el asfalto ya en plena noche. Pasado el control volvemos a terreno campestre por medio de un pinar junto a las dunas. Iluminado con pilotos de bici, lo suficiente para saber por dónde tenías que ir, pero no para ver el suelo. La verdad es que nos habían avisado de que a los últimos se nos haría de noche y habría zonas como esa en que era muy recomendable usar un frontal. Alguno sí lo llevaba, yo lo pensé, de hecho lo había llevado en el equipaje, pero lo que no parece lógico es cogerte el frontal en la T2 cuando empezabas a correr en plena tarde, quizás debían haber establecido un lugar en que recogerlo en alguno de los avituallamientos previos.

La cosa va llegando al fin, entras ya en el paseo marítimo de La Antilla, empiezo a correr con algo más de ganas y de soltura, hay algo de ambiente, de animación y eso también motiva a sacar fuerzas de donde no hay, se pasa por delante de la meta,


pero queda llegar hasta el final de la playa y volver, unos 6 ó 7 km., incluidos uno y medio o dos de playa, pero ya sin paseo, por la arena. Aprovechando la arena más húmeda y dura para caminar otra vez con paso lento.

Volvemos al paseo, otra vez a la poca, pero al menos alguna animación, otra vez se intenta poner la mejor cara dentro de lo que cabe a estas alturas y tratar de entrar en meta "corriendo" con cierta dignidad. Han sido 6 horas de maratón, que no de carrera, porque correr es otra cosa. Mucho peor que en mi peor maratón de IM hasta ahora y mucho peor incluso que en el debut maratoniano en Valtiendas.




Tiempo total 15:05:06, puesto 516 de 548 que acabaron. En resumen razonablemente satisfecho con la natación, muy satisfecho con la bici y a pie la gran petada.

Un cadáver en meta.
Organización con luces y sombras, bastante deficiente en algunos aspectos fundamentales, sobre todo en los avituallamientos. También con algunos fallos previos en cuanto a información e incluso falta de planificación e improvisación en otros. 

¿Repetiría?. Pues quizás sí, porque creo que los fallos tienen solución y que deben haber tomado buena nota de ellos. Además si siguen con el mismo planteamiento en cuanto al precio es muy tentador, frente a los 400-500.-€ que se están manejando por ahí.

lunes, 12 de agosto de 2013

IV Travesía Mi-río-brigense. Un año más cumplimos con la Jaramugada.

Un año más nos fuimos hasta el Risco de Martiago para dar inicio a una de las Jaramugadas ya clásicas, la travesía hasta el pantano, unos 4´5 km. de natación.

Foto "oficial", nadadores: Atalanta, Iron Manu, Pablo, el menda y David. En la piragua Jose y luego se nos añadirían Candi y Mayte que subieron desde el pantano al encuentro. Gracias por acompañarnos y ser nuestros ángeles de la guarda., así como a Chuchi de Descensos Medina como siempre por su amable colaboración y disposición.


Este año con bastante más agua, llegando a tapar justo el puente viejo.


Preparativos


Primera toma de contacto con el agua, estupenda de temperatura, se podía haber nadado perfectamente sin neopreno, pero siempre da seguridad.


A tirarse al agua desde lo alto del puente, jejeje 


Comienza la travesía, cada uno va cogiendo su ritmo


Y va llegando al final. David

  

Iron Manu



Un servidor




Candi, llegando a puerto 


Y hasta aquí llegó la batería de la cámara.

Dos debutantes en esta ocasión que lo hicieron realmente bien: Iron Manu y Pablo, que después de haber estado otros años como acompañante se atrevió con el reto y lo superó.

Después la segunda parte: corriendo hasta las inmediaciones de Ciudad Rodrigo, casi 9 km, David, Atalanta y yo. A ritmo de tortuga, pero entre el calor, el reseco de boca y el cansancio tuve más que de sobra.